Acerca de la sombra.

Cada uno de nosotros, los seres humanos, tendemos a percibir la realidad externa, y a nosotros mismos, en términos únicos e inamovibles. Identificamos la totalidad de la experiencia con rígidas caratulas de “bueno” y “malo”. Así mismo, esta modalidad de la conciencia tiene su origen en la primera infancia, cuando aprendemos que es lo que está “bien” ser o hacer para seguir siendo queridos y protegidos por nuestros padres.


Desde entonces, lenta pero inexorablemente vamos forjando una personalidad operativa y adaptada a nuestro entorno emocional, inspirada en los valores culturales, familiares y de la época en que nos toca vivir. Tal personalidad nos brinda la posibilidad de vivir seguramente aceptados por nuestro entorno social y familiar.

Ahora bien, es justo preguntarse si la naturaleza de la realidad externa e interna del ser humano es realmente así. Y un primer acercamiento desde la razón filosófica nos deja claramente de manifiesto que tal descripción es equivocada, como mínimo. Al parecer la clave en que se manifiesta la realidad es mediante la permanente interacción de opuestos complementarios (día y noche, caliente y frio, luz y oscuridad, etc.). Tal dinámica de manifestación de la energía psíquica, en el caso del interior del ser humano, genera que la psiquis consiente se identifique solo con uno de los términos de la dualidad y excluya al otro de su propia descripción, desterrándolo a la oscuridad del inconsciente.

Como la corriente energética se expresa en ambos términos de la dualidad, al des identificarnos de uno de los términos estamos también bloqueando una enorme cantidad de energía psíquica que a partir de entonces es relegada al inconsciente y pasa a engrosar las filas de lo que la psicología Junniana llama la Sombra.

Es por eso que en la topografía de la sombra encontramos todos los factores rechazados de la personalidad consiente así como el reservorio energético de las potencialidades no vividas por el individuo.

Este inevitable proceso psíquico puede ejemplificarse con alguien que decide deshacerse de toda la ropa de su guardarropa que haya sido lavada 5 veces. Aunque en un principio parta de un guardarropa amplio con cada lavado irá perdiendo más y más ropa hasta el punto de quedarse sin ninguna prenda.

Ahora bien, el principio dinámico que gobierna la psique es el principio de completitud, mediante el cual la conciencia tiende a abarcar, incluir e integrar, la totalidad energética que le da origen, mediante este principio la psiquis tiende activamente a integrar el lado sombrío de la personalidad, este proceso se lleva a cabo de muchas formas y maneras. Una de las más comunes es a través de la enfermedad y sus síntomas, como nos recuerda filosofía alquímica y paraselsica.

Al tener que vernos relacionados con los extraños vericuetos de nuestra enfermedad y sus síntomas tenemos la oportunidad, que no siempre aprovechamos, de relacionarnos conscientemente con esas pautas energéticas excluidas de la psique consiente y de esta forma llegar a una totalidad mayor de nosotros mismos. Tales son los tortuosos e intrincados caminos de las manifestaciones físicas o psíquicas de la sombra.

Para poder sanar será necesario pero no necesariamente suficiente, que tomemos contacto con esas pautas energéticas inconscientes que se expresan a través de los síntomas de la enfermedad, de tal manera de no obligar a esas energías a que se expresen en forma inconsciente afectando negativamente al cuerpo y a la mente del individuo.

Es por eso que los procesos de confrontación e integración de la sombra son una tarea permanente de la psique. Estemos o no de acuerdo con ello, sea fácil o difícil, oportuno o no, estos procesos tendientes a llegar a una totalidad mayor de nosotros mismos, se llevaran a cabo. El medio más idóneo y sano es el de abrirse conscientemente a esta confrontación mediante la autorreflexión, el análisis, la terapia, etc.; en su defecto la salud física y/o mental y el tipo de experiencias que afrontamos en la vida (lo que habitualmente llamamos destino) expresaran los elementos que han quedado excluidos de la conciencia.

Verdad esta fundamental acerca de la naturaleza de la realidad psíquica de los seres humanos y que a veces solemos olvidar como terapeutas y curadores, transformándonos en meros perseguidores de síntomas, no muy distintos de los enfoques alopáticos y farmacológicos que a veces tanto criticamos.

El resultado de tal confrontación permanente con “nuestra otra mitad”, es una vida más rica, con relaciones más sanas, más individual y autónoma, con la madura sensación de amor y auto aceptación por nosotros mismos, en fin una existencia mucho más cerca de la realización del ser.