Para pensar en el niño. 

Cuando consideramos desde la terapéutica floral la atención del  niño es absolutamente imprescindible que abordemos el tema desde una perspectiva amplia, desde donde los padecimientos o los trastornos presentados por el niño sean rastreados ineludiblemente en la geografía familiar. No es posible entender ni ayudar al niño, si no se consideran los temas relacionados con la familia.


¿Después de todo porque no ha de ser así?  El niño es un ser que emerge tanto física como psicológicamente del universo parental y desde ahí debe ir elaborando  todas las etapas de desarrollo evolutivo que lo transformaran en adolescente, joven y adulto; pero siempre partiendo del sustrato parental.

Esta perspectiva, en algunos casos, choca con la propia problemática de los padres, pues en muchas familias se proyecta el padecimiento solo sobre la figura del niño transformándolo en “el paciente identificado” del entorno familiar.
Podríamos pensar en el niño como en un  fusible (la parte más sensible de un circuito eléctrico), donde se manifestaran de forma más obvia las temáticas subyacentes del psiquismo familiar. Es absolutamente necesario considerar como son sus padres, como es su relación con el niño, como es el clima familiar, si ha habido situaciones que de alguna forma han conmocionado la vida familiar tales como divorcios, fallecimientos, crisis de toda índole, la llegada de un hermanito, el ingreso a la escolarización y un larguísimo etcétera.

Los tan tristemente célebres padecimientos del hombre moderno tales como la ansiedad, el miedo, la frustración, la agresividad mal encausada (por nombrar solo algunos) tienen un permanente reflejo en la vida y en las conductas del niño. Y como terapeutas no conseguiremos grandes resultados si no abordamos estas cuestiones de fondo en el psiquismo familiar. A veces esto es un tema complejo si los padres vienen con una actitud cerrada en cuanto a la reflexión acerca de si mismos. Y será tarea del terapeuta guiar y posiblemente tratar las dinámicas patológicas en los padres a la vez del tratamiento del niño.
El Dr. Winicot decía que la neurosis del niño comienza en el útero materno, desde esta perspectiva podemos rastrear el material psicológico básico del niño observando su completa evolución a través de las energías que ha experimentado en todas y cada una de las etapas evolutivas en las que se ha visto involucrado. Esta es la razón por la cual el tratamiento del niño debe tener en cuenta todos los factores desde el embarazo hasta el presente.
El embarazo es una etapa importantísima de la vida ya que configura para todos nosotros el arquetipo de la bienaventuranza edénica, aquel lugar de perfecta unión y no necesidad. Esto es así si todo anda bien, pero como sabemos muchísimas cosas pueden afectar negativamente esta etapa. No son extraños los casos de madres que han tenido un pésimo embarazo a causa de trastornos de la salud física o psicológica. Los miedos a perder el niño o a que aparezcan toda clase de enfermedades son obviamente experimentados por el bebe, configurando tal vez en la futura vida del niño toda clase de miedos, inhibiciones y fobias de difícil rastreo.
La tristeza y la congoja de la madre, así como la agresividad y la impotencia afectan al niño de una forma profunda y total que por el bien del niño y de la madre habremos de tratar en tiempo y forma. No debemos olvidar ni por un momento cuando acompañamos floralmente a una embarazada que no tenemos delante a un paciente sino a dos.


Un caso de ejemplo:

Como ejemplo citare el caso de una paciente embarazada, a quien llamare Mónica, que llego a la consulta en el 1º mes de embarazo muy consternada y dudando acerca de tener o no tener el bebé ya que no tenía pareja estable y desconocía con exactitud quien era el padre de su hijo. A pesar de que ella deseaba tenerlo, las dudas la aquejaban insoportablemente. Luego de una semana de tratamiento floral, ya más tranquila y equilibrada toma la decisión de tenerlo, y a partir de aquí comenzamos a trabajar con florales como Shooting Star para ayudar al alma del bebe a encarnar y sentirse deseado y bien recibido. Mientras que paralelamente trabajábamos con los miedos e incomodidades físicas y psíquicas que iban apareciendo en la madre. El embarazo transcurría normalmente cuando a los 6 meses y mediante estudios al bebe le diagnosticaron un severo problema en el corazón que hacía pensar en la necesidad de sacarlo antes de tiempo y de someterlo a una urgente operación de corazón con resultados a evaluar. Como es lógico esto altero enormemente a la madre (y obviamente al niño), a partir de aquí el trabajo floral fue fuertemente reforzado con florales que trabajan las heridas emocionales y al corazón, tales como el Cactus del Corazón Noble de PHI, esencia de turmalina corazón de sandía,  Golden Ear Drops, Evening Primrose y Mariposa Lily de FES y Warata de Australia (Un floral espectacular para tratar la pulsión de muerte). Por nombrar solo algunas. Y paralelamente a la madre con florales que iban en la línea de Angélica, Red Chestnut, Cherry Plum, y Chicory por el estado y la caracterología de la madre.
El embarazo llego a su término normal sin necesidad de adelantar el parto, al nacer se le mojaron las muñecas, tobillos y frente con la esencia de Delfín rosado del amazonas de PHI. El niño nació y fue sometido a una cirugía cardiaca pero para sorpresa de todos, la dolencia diagnosticada era muchísimo menor a lo esperado (algo así como un 60% menos) y la intervención fue relativamente simple y absolutamente efectiva. Desde entonces goza de una perfecta salud al cuidado de su amorosa madre.
Esto es solo un ejemplo de cómo podemos ayudar a los niños desde las primeras etapas de sus vidas, siempre considerando ineludiblemente su entramado parental.


El niño y “sus problemas”

Gracias al cielo han pasado las épocas en que se intentaba encarrilar los problemas del niño con una férrea disciplina y cada vez más los padres se acercan a la consulta de un profesional y en particular de un terapeuta floral. Ya que esta terapéutica goza, como todos sabemos, de la característica de ser suave e inocua para el delicado organismo del niño. La dudosa alternativa muchas veces aparece bajo el manto de la farmacología (aún se aprueban y desaprueban continuamente en el mundo líneas de antidepresivos y ansiolíticos para niños, con resultados muchas veces catastróficos). En la consulta suelen aparecer ciertos temas muy recurrentes que estaría bien revisar, como por ejemplo:
En los casos donde el niño presente una agresividad descontrolada podríamos preguntarnos cómo se las arreglan con este tema sus padres. Cuál es la relación que el niño tiene con su padre. Tal vez descubramos que ante un padre ausente, distante, agresivo,  o experimentado como tal,  una de las respuestas más obvias en el niño sea la agresividad que presenta. En cuyo caso no será suficiente que recetemos al niño Holly o Willow, que trabajan estos estados, sino que además deberemos trabajar con el padre su propio tema agresivo, y rastrear tal vez como fue su propia relación con su padre y cuál es su modelo paterno. De lo contrario el tratamiento del niño no dará los resultados esperados.
Es también muy típica la consulta por miedos de todo tipo y color. Aquí además de las típicas recomendaciones florales para tales estados emocionales, deberíamos rastrear como es su relación con su madre, que tan protegido y contenido emocionalmente se encuentra el niño. Muchas veces el niño actúa como una aspiradora psíquica absorbiendo y expresando a su manera los miedos que deambulan en el inconsciente de la familia. Una madre temerosa, o en permanente estado de ansiedad no genera en su hijo la sensación de seguridad que todos a esas edades, necesitamos.
La excesiva severidad en la conducta, o la rigidez coercitiva en la educación,  que se evidencian como castración, pueden que genere en el niño una enorme cantidad de neurosis tales como miedos, angustias, desvalorización, profundas inseguridades, retraimiento, etc. Todo terapeuta habrá tenido oportunidad de ver estas herencias familiares en sus pacientes adultos, entonces por qué no tratar de enmendar esto desde la infancia. Es interesantísima la forma en que algunos padres tienen de enseñar límites a sus hijos, que va polarizadamente desde la carencia total de límites aparentes hasta la inflexibilidad atemorizante de la disciplina castrense. Cuando veamos esta estampa familiar es también tarea nuestra intervenir floralmente en la medida en que sea posible.
Otro tema muy importante y que tiende a hacer eclosión en la pre-adolescencia y en la pubertad, aunque no necesariamente, son todos los relacionados con la sexualidad. Descontando el profundo trabajo interior que un tema tan importante como este nos debería inspirar, además como terapeutas, haríamos bien en examinar toda la información que tengamos acerca de la elaboración edípica y del desarrollo del psiquismo a partir de entonces; para poder observar cuales son los antecedentes sexuales familiares, como se experimenta la sexualidad en la familia, como son los modelos sexuales y en definitiva como es la dinámica del deseo familiar.  Es a partir de aquí que podemos observar contextualizadamente el padecimiento del pre-adolescente. Sin duda alguna  este  acercamiento profundo, puede darnos una perspectiva más real y específica del tema más allá de sus síntomas (dolores menstruales, vergüenzas, culpas, rechazo al cuerpo físico, timidez y un largo etc.)
En definitiva, el objeto de este artículo es el de propiciar la reflexión de los asuntos del niño desde la consideración de su constelación familiar.  Las consideraciones florales específicas para los padecimientos del niño pueden ser seguramente bien abordadas por cada terapeuta con lo cual no he querido redundar en extensas listas de síntomas/flores, que son muy difíciles de extrapolar entre un paciente y otro, sin las consideraciones antedichas. En cambio, el objetivo si es llamar la atención acerca de la elaboración de un marco referencial/familiar en los padecimientos de la niñez.
Nuestra actitud ante el tema es de enorme importancia. Como terapeutas estamos en una posición privilegiada para la observación y tratamiento de los padecimientos infantiles, mediante la administración floral y la amorosa reflexión y orientación de los padres. Recordemos que la primera flor que recibe un paciente es el terapeuta.
Y para terminar sería necesario que reflexionemos cual es nuestra actitud hacia la niñez y los niños, ya que por entero estará ligada a la particular imagen que tengamos de nuestro propio “niño interior”. Una buena idea sería comenzar sanando al niño que vive dentro nuestro, como medio insustituible de entendimiento y desarrollo de la compasión necesarias por quien tenemos enfrente como paciente.